Las casualidades, esas piedrecitas que el destino lanza con su mano en manto de estrellas al hazar en nuestro camino de la vida.
Pues es el hazar es lo que hace nuestra vida más imprevisible, si todo lo tubieramos acordado de antemano no habría vuelcos de trama ni finales insospechados en los diferentes cortometrajes de nuestro día a día. La posibilidad de alterar el continuo espacio/tiempo de nuestra moralidad/estado anímico tanto positivamente como negativamente es una tarea innegable del destino.
Dejarse llevar por las emociones es un buen lubricante para esta clase de situaciones pues haces aún mas imprevisto el momento, hablando de casos positivos, porque los negativos... nunca traen nada bueno y cada uno los sobrepasa tal y como puede más que tal y como quiere. Lo mejor en estos casos, creo yo es pasarlos con la mayor serenidad mental posible y si es necesario... ¡Correr!
Pero bueno, no escribo un libro de auto ayuda, solo digo lo que pienso, y me apetece pensar en esas situaciones imprevistas buenas. Hablemos de la gente, por ejemplo. Conoces alguien por pura casualidad y piensas: vaya tio/a más falto/a de interés, pero... ¿Y si la casualidad se alía con el destino y deciden tirar en tu camino una piedrecita de lo más interesante? Debes ir con cuidado amigo/a lector/a, pues puede brillar demasiado y ser tan solo una trampa de la casualidad o un error del destino. También puede estar sucia, en ese caso debes limpiarla, con paciencia, pues de ahí puede salir lo que yo mas aprecio, alguien interesante, alguien que en algún momento de tu vida por insignificante que sea puede hacerte feliz.
Cada persona busca algo en otras distinto de todas las demás, y algunas lo tienen en común.
La explosión de sabores ácido y dulce combinado posiblemente con un amargo raramente sorprendente, como si de sentimientos de tratara, es como un explosivo plato de Arzak en el que vas notando los sabores uno a uno. Y amigos... creed-me, creo que comer algo que despierte algo en ti... es lo mejor.
Le chat noir.
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