Els meus dits toquen el reflex transparent de la meva cara
deixo sortir tot el jo i l’horitzó m’envaeix
es llavors quan jo no sóc i a l’hora hi sóc tot.
Darrere meu només hi ha la meva vida
i el meu nas ja toca l’infinit
tinc els dits del peu a un barranc.
Un llamp glaçat m’envaeix la columna
l’esternón atura els meus pulmons
me’n ric d’ell i segueixo endavant.
L’aire mou els meus llavis pronunciant paraules que tan sols jo sé
la música dels meus moviments i el dibuix de les meves mans
són tot el que tinc davant d’aquest no res.
Els ulls de la serp m’atravessen
i em fan recordar els teus que m’agafen la mà
Saltem? Xiuxiuejo
Que? Respons
Saltem! Ens empento.
Sóc al terre, les mans són plenes de pedres
els genolls clavats al terre m’aixequen.
Et miro als ulls, m’atravesses
miro endevant i només veig la immortalitat
la nostra immortalitat.
Els meus dits toquen el reflex transparent de la meva cara
la finestra s’obre davant meu
passo davant de gent que segueix dormint
i tenen els ulls envenats.
Li trec la cinta a una noia del meu costat
es guapa, els ulls li brillen quan em veu, plora.
Me la poso i començo a caminar
sento el remor d’unes pedres
noto la teva mà amb la meva
veig els teus ulls a través de la cinta.
Ets tu, ho sé
dius... SALTEM!
Le chat noir.
sábado, 29 de mayo de 2010
lunes, 24 de mayo de 2010
domingo, 23 de mayo de 2010
Esa quimera llamada amor.
El amor... aquello capaz de quebrarte los ideales. Capaz de partirte en dos sin pensarlo un solo instante. El amor es aquello que hay cuando Shakespeare y las canciones de Marea se quedan cortas, cuando solo sabes tu lo que sientes e incluso cuando quieres omitirlo. Eso es el amor.
Si no vives para amar... ¿Para que vives?
Dicen que son conexiones en el cerebro que hacen que necesites a esa persona, que dura 3 años, que tu mente te juega una mala pasada... ¿Mala pasada? Si es el momento más feliz de tu vida, que vale la pena aunque acabe mal, aunque te rompan el corazón. Porque que el cerebro hace que necesites a esa persona no cambia el hecho de que la ames, porque cuando lo haces todo es tan real, tan sincero... Sólo piensas en que la otra mente invadida por el mismo anhelo se abra, igual que al tuya y cree ese momento, aquel en que el reloj se para, la lluvia no cae, a las hojas no se las lleva el viento y en la boca de la niña pequeña del vestidito rojo sigue habiendo una piruleta con forma de corazón, el momento del beso, del vuelco en el corazón, el momento en que dos cuerpos se funden en un abrazo bajo la romántica luz de una farola y con un sutil y efímero roce de labios son uno, el momento en el que la aguja del reloj marca el momento en el que ha pasado el último tren para volver a casa, pero eso... ahora... ¡Da igual! No importa nada, solo tu y tu. Solo deseas que no acabe y que dure el máximo tiempo posible, tiempo para volver a sentirlo cada segundo aunque no acabe siendo así y volver a mirar esos ojos que besan tus pensamientos, piensan lo que dices, dicen quererte y quieren besarte.
Y aunque no sea siempre todo bueno, que hayan no te quieros, hayan ojos fugitivos que no desean mirarte, o miedo a perder intentando ganar. Vale la pena querer, por ir con una sonrisa en la cara, vale la pena morir por un sueño. No hay nada comparado a la efimeridad del amor, aquellas mariposas en el estomago que te nublan la razón y empañan tus palabras, aquellos gestos involuntarios que cometes dejando ver lo que sale de tu corazón.
E aquí mi reflexión sobre lo que me mueve, sobre lo que atormenta mis noches y me da los mejores instantes, por lo que se mueve mi filosofía y da vida al sol que entra por mi ventana.
Siento que mis palabras se quedan cortas.
El amor... aquello capaz de quebrarte los ideales. Capaz de partirte en dos sin pensarlo un solo instante. El amor es aquello que hay cuando Shakespeare y las canciones de Marea se quedan cortas, cuando solo sabes tu lo que sientes e incluso cuando quieres omitirlo. Eso es el amor.

Le chat noir.
Si no vives para amar... ¿Para que vives?
Dicen que son conexiones en el cerebro que hacen que necesites a esa persona, que dura 3 años, que tu mente te juega una mala pasada... ¿Mala pasada? Si es el momento más feliz de tu vida, que vale la pena aunque acabe mal, aunque te rompan el corazón. Porque que el cerebro hace que necesites a esa persona no cambia el hecho de que la ames, porque cuando lo haces todo es tan real, tan sincero... Sólo piensas en que la otra mente invadida por el mismo anhelo se abra, igual que al tuya y cree ese momento, aquel en que el reloj se para, la lluvia no cae, a las hojas no se las lleva el viento y en la boca de la niña pequeña del vestidito rojo sigue habiendo una piruleta con forma de corazón, el momento del beso, del vuelco en el corazón, el momento en que dos cuerpos se funden en un abrazo bajo la romántica luz de una farola y con un sutil y efímero roce de labios son uno, el momento en el que la aguja del reloj marca el momento en el que ha pasado el último tren para volver a casa, pero eso... ahora... ¡Da igual! No importa nada, solo tu y tu. Solo deseas que no acabe y que dure el máximo tiempo posible, tiempo para volver a sentirlo cada segundo aunque no acabe siendo así y volver a mirar esos ojos que besan tus pensamientos, piensan lo que dices, dicen quererte y quieren besarte.
Y aunque no sea siempre todo bueno, que hayan no te quieros, hayan ojos fugitivos que no desean mirarte, o miedo a perder intentando ganar. Vale la pena querer, por ir con una sonrisa en la cara, vale la pena morir por un sueño. No hay nada comparado a la efimeridad del amor, aquellas mariposas en el estomago que te nublan la razón y empañan tus palabras, aquellos gestos involuntarios que cometes dejando ver lo que sale de tu corazón.
E aquí mi reflexión sobre lo que me mueve, sobre lo que atormenta mis noches y me da los mejores instantes, por lo que se mueve mi filosofía y da vida al sol que entra por mi ventana.
Siento que mis palabras se quedan cortas.
El amor... aquello capaz de quebrarte los ideales. Capaz de partirte en dos sin pensarlo un solo instante. El amor es aquello que hay cuando Shakespeare y las canciones de Marea se quedan cortas, cuando solo sabes tu lo que sientes e incluso cuando quieres omitirlo. Eso es el amor.

Le chat noir.
domingo, 16 de mayo de 2010
¿Casualidades?
Las casualidades, esas piedrecitas que el destino lanza con su mano en manto de estrellas al hazar en nuestro camino de la vida.
Pues es el hazar es lo que hace nuestra vida más imprevisible, si todo lo tubieramos acordado de antemano no habría vuelcos de trama ni finales insospechados en los diferentes cortometrajes de nuestro día a día. La posibilidad de alterar el continuo espacio/tiempo de nuestra moralidad/estado anímico tanto positivamente como negativamente es una tarea innegable del destino.
Dejarse llevar por las emociones es un buen lubricante para esta clase de situaciones pues haces aún mas imprevisto el momento, hablando de casos positivos, porque los negativos... nunca traen nada bueno y cada uno los sobrepasa tal y como puede más que tal y como quiere. Lo mejor en estos casos, creo yo es pasarlos con la mayor serenidad mental posible y si es necesario... ¡Correr!
Pero bueno, no escribo un libro de auto ayuda, solo digo lo que pienso, y me apetece pensar en esas situaciones imprevistas buenas. Hablemos de la gente, por ejemplo. Conoces alguien por pura casualidad y piensas: vaya tio/a más falto/a de interés, pero... ¿Y si la casualidad se alía con el destino y deciden tirar en tu camino una piedrecita de lo más interesante? Debes ir con cuidado amigo/a lector/a, pues puede brillar demasiado y ser tan solo una trampa de la casualidad o un error del destino. También puede estar sucia, en ese caso debes limpiarla, con paciencia, pues de ahí puede salir lo que yo mas aprecio, alguien interesante, alguien que en algún momento de tu vida por insignificante que sea puede hacerte feliz.
Cada persona busca algo en otras distinto de todas las demás, y algunas lo tienen en común.
La explosión de sabores ácido y dulce combinado posiblemente con un amargo raramente sorprendente, como si de sentimientos de tratara, es como un explosivo plato de Arzak en el que vas notando los sabores uno a uno. Y amigos... creed-me, creo que comer algo que despierte algo en ti... es lo mejor.
Le chat noir.
Pues es el hazar es lo que hace nuestra vida más imprevisible, si todo lo tubieramos acordado de antemano no habría vuelcos de trama ni finales insospechados en los diferentes cortometrajes de nuestro día a día. La posibilidad de alterar el continuo espacio/tiempo de nuestra moralidad/estado anímico tanto positivamente como negativamente es una tarea innegable del destino.
Dejarse llevar por las emociones es un buen lubricante para esta clase de situaciones pues haces aún mas imprevisto el momento, hablando de casos positivos, porque los negativos... nunca traen nada bueno y cada uno los sobrepasa tal y como puede más que tal y como quiere. Lo mejor en estos casos, creo yo es pasarlos con la mayor serenidad mental posible y si es necesario... ¡Correr!
Pero bueno, no escribo un libro de auto ayuda, solo digo lo que pienso, y me apetece pensar en esas situaciones imprevistas buenas. Hablemos de la gente, por ejemplo. Conoces alguien por pura casualidad y piensas: vaya tio/a más falto/a de interés, pero... ¿Y si la casualidad se alía con el destino y deciden tirar en tu camino una piedrecita de lo más interesante? Debes ir con cuidado amigo/a lector/a, pues puede brillar demasiado y ser tan solo una trampa de la casualidad o un error del destino. También puede estar sucia, en ese caso debes limpiarla, con paciencia, pues de ahí puede salir lo que yo mas aprecio, alguien interesante, alguien que en algún momento de tu vida por insignificante que sea puede hacerte feliz.
Cada persona busca algo en otras distinto de todas las demás, y algunas lo tienen en común.
La explosión de sabores ácido y dulce combinado posiblemente con un amargo raramente sorprendente, como si de sentimientos de tratara, es como un explosivo plato de Arzak en el que vas notando los sabores uno a uno. Y amigos... creed-me, creo que comer algo que despierte algo en ti... es lo mejor.
Le chat noir.
miércoles, 12 de mayo de 2010
Hay días y días... Y este es uno de esos días en los que no se está ni bien ni mal, que un malestar indefinido se te posa en el esternón por motivos desconocidos, resfriado le llaman algunos. Uno de esos días que seria una mierda de día si no fuera por pocos detalles externos. Detalles, la sal fina de la vida, puedes vivir sin ellos, no son básicos para la existencia, pero cuando los descubres... Ui! Cuando los descubres! Se vuelven tu modo de vida y sin tenerlos no eres feliz.
Como días, hay detalles y detalles. Dependiendo de donde vengan te hacen más feliz o menos. Y os preguntareis ¿Y el tamaño qué? Amigos, amigas... El tamaño no importa, pues como dijo algún sabio alguna vez una cosa puede ser corta, pero aveces dentro de lo más pequeño puede haber algo muy grande.
Hay detalles hechos aposta para hacerte sonreír, detalles hechos aposta para hacerte llorar, enfadar, reír, etc... También los hay que no están hechos aposta, estos son un poquito más complicados pues debes prestar atención para quedarte con la copla... Un puño cerrado, una palabra, una sonrisa, una myrada...
Aunque lo más difícil en este peculiar mundo de los detalles no es saber verlos ni hacerlos, ya que se puede vivir sin hacerlos aposta (aunque no se recomienda porque un detalle hecho de buena fe siempre hace sonreír) y se seguirán haciendo sin querer, y verlo no sirve de nada sin lo que a continuación os diré;
Con los detalles hay que ir con cuidado porque si te equivocas te puedes dar la hostia padre.
¿Aunque aveces darse hostias también es bueno no creéis?
Lo más importante en este mi peculiar mundo de los detalles no es nada más ni nada menos que saber darles la importancia que requieren. Pues una persona tímida puede hablar mejor con ellos de sí misma que con sus palabras, o te puedes dar cuenta de que a la próxima esquina vendrán 4 tipos y te robarán el reloj, o que en realidad la persona con la que estás te está diciendo que te ama hasta el rincón más profundo de su corazón.
Así es en mi mente el sutil mundo de los detalles.
En fin, esta debería haber sido mi reflexión del día.
Espero que os haya gustado.
Le chat noir.
Como días, hay detalles y detalles. Dependiendo de donde vengan te hacen más feliz o menos. Y os preguntareis ¿Y el tamaño qué? Amigos, amigas... El tamaño no importa, pues como dijo algún sabio alguna vez una cosa puede ser corta, pero aveces dentro de lo más pequeño puede haber algo muy grande.
Hay detalles hechos aposta para hacerte sonreír, detalles hechos aposta para hacerte llorar, enfadar, reír, etc... También los hay que no están hechos aposta, estos son un poquito más complicados pues debes prestar atención para quedarte con la copla... Un puño cerrado, una palabra, una sonrisa, una myrada...
Aunque lo más difícil en este peculiar mundo de los detalles no es saber verlos ni hacerlos, ya que se puede vivir sin hacerlos aposta (aunque no se recomienda porque un detalle hecho de buena fe siempre hace sonreír) y se seguirán haciendo sin querer, y verlo no sirve de nada sin lo que a continuación os diré;
Con los detalles hay que ir con cuidado porque si te equivocas te puedes dar la hostia padre.
¿Aunque aveces darse hostias también es bueno no creéis?
Lo más importante en este mi peculiar mundo de los detalles no es nada más ni nada menos que saber darles la importancia que requieren. Pues una persona tímida puede hablar mejor con ellos de sí misma que con sus palabras, o te puedes dar cuenta de que a la próxima esquina vendrán 4 tipos y te robarán el reloj, o que en realidad la persona con la que estás te está diciendo que te ama hasta el rincón más profundo de su corazón.
Así es en mi mente el sutil mundo de los detalles.
En fin, esta debería haber sido mi reflexión del día.
Espero que os haya gustado.
Le chat noir.
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